Acceptable in the 80′s

Nací a mediados de los 80, poco antes de la caída del muro de Berlín. Todavía me tocó jugar con el Nintendo NES; vi películas Beta y VHS; grabé y regrabé casettes, llevé mi walkman a todos lados y nunca entendí cual era el lado A y cual el B. Tuve en mis manos un celular que más que teléfono parecía un arma blanca. Mi primera computadora funcionaba con MS-DOS y me tocó la llegada del Internet. Aunque me queda más que claro que no soy ningún anciano, crecí a la par de la tecnología y todavía no pierdo la capacidad de asombro ante lo mucho que “han cambiado los tiempos”, como dirían mis padres.

Debido a mi educación y a mi círculo social, el Internet no pudo llegar más que en forma de bendición. Mi primera ventana al mundo gay fue a través de ésta y, de igual manera, mis primeros intentos por socializar con personas que compartían mi situación. Viendo en retrospectiva, creo que fui muy afortunado al haber conocido gente “real”. Para aquellos que no lo saben o no recuerdan, con el surgimiento de Internet, las salas de chat y el ICQ se pusieron en voga; más tarde lo fueron las páginas de contactos sociales. Y frente a esto, la reacción por parte de la mayoría de los padres fue una alta desconfianza. Nada y nadie nos podía asegurar que aquel joven universitario, musculoso, deportista y bien parecido, pudiera esconder del otro lado de la red un ente completamente opuesto de dudosas intenciones.
Sin embargo, el establecer vínculos sociales a través de Internet ya no es nada nuevo para nosotros. El MSN, Myspace, Facebook, Hi5, Second Life, y el resto de espacios virtuales se han vuelto nuestro pan de cada día. “-¿Dónde se conocieron?-”, “-Por Internet-”, ya no es una pregunta-respuesta que nos sorprenda como todavía lo hacía hace algunos años. Pasar una o dos horas diarias en Messenger son parte vital de nuestra rutina social. Si bien el celular  sigue siendo un elemento de impresionante peso para la plena realización de nuestra vida (“Es que si no traigo mi celular, me muero”), las redes sociales han venido a desplazar las cartas, las llamadas a casa; incluso las llamadas a celular. “Luego te escribo en tu wall”, “Osea, que poca que no has checado el event que te mandé. ¡Plis confírma!”, son tan sólo algunas de las frases que escucho entre mis amigos y la gente de mi universidad.

Mr. Facebook, ¿are you gay?

Ante todo esto recordaba aquella época que muchos hemos vivido en las que sientes que eres el único chico gay sobre la faz de la tierra. Ni siquiera había empezado a funcionar mi gaydar y para mi suerte, mi única ventana a este mundo desconocido era un sitio de Internet en el que cualquier perfil podía ser un espejismo.
Ahora y ante diversas situaciones que he vivido, me doy cuenta cuanto la tecnología ha permitido nuevas maneras de conocer gente. Ya ni siquiera es necesario ir por la vida intentando adivinar a quien le gusta quien. Aunque requiere de cierta astucia, es posible obtener lo que buscas. Lo único necesario es hacerse amigo(a) de aquella persona por facebook, checar gustos e información personal, fotografías delatadoras y la detallada lista de amigos y de amigos en común. Tardarás poco en descubrir que aquel apuesto, viril y buga-looking integrante del equipo de fútbol, es realmente un mega closetero que sólo espera las condiciones adecuadas para soltarse el cabello y vestirse de reina y ponerse tacones y sentirse bella bella.

Y yo me pregunto: si Mr. Facebook es omnipresente y omnipotente, y él todo lo puede, ¿por qué no hace algo por la comunidad? Digo, él puede hacer que mis fotos se vean mas grandes; me permite tener una cosa asexuada parecida a un tamagochi que socializa con otras cosas de su misma condición; me deja mandar regalitos virtuales cuando me da la gana; me da la oportunidad de decirles a mis amigas que tan guapas o gordas se ven en sus fotos (en forma de comment o mensajito, mucho más personal); les avisa a mis amigos cada uno de los movimientos que hago en mi pequeño reino y me avisa con antelación de quien es cumpleaños cuando, y a que eventos tengo que asistir. Si Facebook puede ser mi amigo, mi confidente, mi mamá y hasta mi secretaria, ¿apoco no podría usar su grandioso poder y crear una aplicación en la que, de alguna manera, los gays nos identifiquemos unos a otros? Una en la que no tengas que jugar a las escondidas en la información de tu perfil o bajar las fotos del Lipstick con la Supermana en las que sales taggeado. Yo creo que Mr. Facebook podría hacer todo esto, y más, si así lo quisiera. Es por eso que me surge la duda. Mr. Facebook, Are you gay?

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