Quiero poder romper todo desde el principio.
Sí. Regresar al punto donde esto empezó y ahí, decir no.
Pero ya no se puede. Porque ya estoy muy lejos de ese punto. Estoy tan lejos que no entiendo nada. Estoy tan lejos que ya no puedo saber cuál, cómo, dónde está ese punto.
Llegué a una invención.
Llegué a lo inexistente.
¿Cómo voy a romper algo que no existe?
¿Cómo llegué a la gran tierra de la invención?
La gran tierra de la soledad. Inventada.
Y aquí estoy.
Y es tan grande, esta tierra/sola/inventada que ya… soy algo insignificante en ella. Lo menos importante de esto, soy yo.
No hay espacio para mí. El espacio es… para sí mismo y yo… estorbo.
O soy un instrumento, que no me sirve a mi mismo.
Soy venganza.
Vengar es algo grande, y cece cuanto más… crece. Y yo soy pequeño, cada vez más.
Y lo grande me encierra. Me aplasta. Me oprime. Me sumerge. Me ahoga. Hay cosas tan grandes que nunca se sale de ellas, porque contienen dentro de sí mismas hasta la salida. Y ya no hay posibilidad, porque lo posible es posible cuando hay blanco/negro, arriba/abajo, dentro/fuera, yo/tú. Pero aquí, yo, en esto, estoy acabado.
Porque en la tierra inventada, la tierra de la venganza, todo se come a sí mismo. Algo me come ahora, sí. Me siento en plena digestión. La ácida digestión de una tierra, grande, inventada, sin fin.
Qué miedo.
No veo a dónde ir No veo futuro. No veo salida. No veo opción.
Sólo veo venganza.
Y ya me canse.
– Touché o la erótica del combate