Crónica de una noche y un día

Es un viernes por la noche. Entre el ruido de la música y el exceso de humo, decido escaparme por un rato. Bajo las escaleras y miro hacia arriba, distraído. En ese momento nuestras miradas se cruzan, nuestros ojos se encuentran. Esbozo una sonrisa y sigo mi camino, sin saber a ciencia cierta lo que acaba de suceder. Tic tac. Tic tac. Regreso de nuevo a las escaleras, en sentido inverso esta vez. Tic Tac. Sigue ahi. Tic tac. Me mira. Tic tac. Comienza a hablarme; no puedo recordar siquiera cual fue la frase con la que todo comenzó.
Momento. Ahora que lo pienso bien, no pudo haber sido él. Esa noche. No creo que fuera el mismo. Tiene que ser otro. Vamos, haz memoria. Él no haría ese tipo de cosas; no, no puede ser. Lady Gaga me regresa al momento. Me toma del brazo, acerco mi oído a sus labios para intentar comprender lo que está diciendo. Qué importa si ahora no puedo recordarlo.
Mientras subo las escaleras, el tiempo parece acelerarse. Tic. Tac. Sonrío al otro en el espejo. Tic tac. La música se escucha más fuerte. Tictac. Puedo oler el humo del cigarro, distinguir los colores de las luces. Tictactictac. Terminó. El tiempo recupera su velocidad normal, y alguien me sonríe y me jala del brazo hacía la barra, para pedir mi cubacocalight. Pienso por unos segundos en su cara, en su sonrisa; intento recordar su voz, la conversación. Solo bastan unos segundos para que todo se desvanezca y me descubra bailando en la pista solo, platicando en el balcón o riendo de alguna trivialidad. En el intersticio entre un instante y otro, lo veo de nuevo. Le comento algún sinsentido y me ignora, desaparece detrás de alguien más. No puede ser él. Él no es así; tienes que estar equivocado, debe ser otro. Si, seguramente es alguien más. No me quitará el sueño.
Lady Gaga me regresa al tráfico Just dance.. Mientras agito la cabeza cual Will Ferril en A night in the Rocksbury recuerdo donde estoy. Estoy a la mitad de Reforma. De camino entre Cuajimalpa y la Condesa. Sonrío. Me encanta este trayecto. Cierro los ojos y volteo la cara hacía el sol que entra por el techo, mientras sigo el ritmo de la canción en mi cabeza. En ese momento, siento que aprietan mi mano. Volteo lentamente, abro los ojos, lo miro y sonrío. Lady Gaga se desvanece.

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Una Respuesta a Crónica de una noche y un día

  1. ok, so now I’ve found your blog.
    Very transparent, honest…
    me gusta el nombre también.
    sigue, sigue escribiendo!
    besos.

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